domingo, 19 de abril de 2015
domingo, 16 de diciembre de 2012
¿Y por casa cómo andamos? Claves de la encuesta de clima
UNA HERRAMIENTA PODEROSA
- Elección de un consultor externo que administre la encuesta. Necesariamente, alguien externo debe liderar y procesar la encuesta de clima garantizando al personal la confidencialidad total para obtener así respuestas sinceras. Son, en rigor, las únicas que sirven.
- Reuniones del consultor con la dirección de la empresa y con algunos mandos intermedios con el fin de consensuar objetivos y bucear aspectos a investigar.
- Prueba de la encuesta en un grupo de empleados para asegurar si se entienden correctamente las preguntas confeccionadas.
- Comunicación por parte de la dirección de la empresa al personal, notificando los objetivos y las garantías para todos los trabajadores que participarán.
- Realización de la encuesta, normalmente en un día. Puede ser bajo el sistema online o en papel con la colocación de urnas. El llenado de las respuestas no es obligatorio para el empleado.
- Comunicación al personal de los resultados de la encuesta.
- Planificación de las mejoras por realizar. Puede ser directamente por la dirección o nombrando equipos ad hoc junto con el personal.
- ¿Cómo calificaría los siguientes temas?: confort del lugar de trabajo, la capacitación recibida al ingreso, el interés de la empresa en su capacitación, los servicios de refrigerio y comedor.
- A su entender, ¿en la empresa hay discriminación por edad, sexual, antigüedad?
- ¿Cómo calificaría usted la calidad de liderazgo de su supervisor directo? ¿Su relación con los compañeros de trabajo? ¿Su actual remuneración? ¿La posibilidad de tomar decisiones en la empresa? ¿Las inversiones que hace la empresa para mejorar el confort y la seguridad? ¿La preocupación de la firma por su personal?
domingo, 9 de septiembre de 2012
Hipótesis: lo bueno de la ignorancia
sábado, 9 de junio de 2012
Pensando como campeones
Saludos
domingo, 20 de mayo de 2012
Frase de Suzuki
domingo, 25 de marzo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
Presente en cuerpo y ausente en alma
Miradas
Presente en cuerpo y ausente en alma
Cada vez más empleadas asumen sus tareas con resignación y mínimo esfuerzo
Por Jorge Mosqueira | LA NACION
En un país como España se sigue impenitentemente apostando por el presentismo en las empresas. Desgraciadamente fomentan este pernicioso modelo nuestras instituciones universitarias, con listas de asistencia. No nos damos cuenta de que estamos propiciando, desde la base, un caldo de cultivo óptimo para la presencia futura de un cáncer en nuestras organizaciones: el absentismo emocional derivado del falso presentismo, lo que provocará la falta de productividad." Esta descripción pertenece a Raúl Piriz Sánchez, un experto en políticas de personal y estrategias de RR.HH., publicado hace pocos días en su blog. Podría decirse, a modo radial o televisivo, que transmite desde el propio lugar de los hechos, allí donde se registra una tasa de desempleo que alcanza el 22,5 por ciento.
Como contracara de esta situación subió el presentismo, cuya causa más directa es el miedo a perder el trabajo, pero el ausentismo emocional trasciende todas las fronteras. Sencillamente se trata de aquellos empleados que asumen las tareas asignadas con apatía y resignación. En otras palabras aportan el mínimo esfuerzo físico e intelectual como para seguir cobrando su salario. Las razones más comunes son la desmotivación por el trabajo que realizan, problemas personales o bien disconformidad con la empresa o su jefe.
Una encuesta de Gallup, en la que se entrevistó durante 25 años a un millón de trabajadores y 80.000 gerentes, dio como resultado que solamente el 20% de los empleados dan lo mejor de sí mismos cuando desempeñan sus funciones. Entonces cabe preguntarse para qué sirve un factor extrínseco como aquellos pesos de más, sean porcentuales o las sumas fijas, que premian el estar en horario durante todo un mes, todos físicamente presentes, lo requiera o no la responsabilidad contractual. Porque hay diferencias. Una recepcionista debe estar en su lugar de trabajo en el horario en que se inicia la atención al público, un operario debe integrar el equipo para iniciar la cadena de montaje, etcétera. Hay otros puestos que no necesitan tanto rigor cronométrico, pero se los incluye en la misma bolsa.
Un gurú del management, Marcus Buckinham, es terminante: "Si un empleado no rinde, primero observe a su jefe". Apunta a situaciones más sutiles, bastante más complicadas que el resultado numérico de los que llegaron unos minutos tarde y cuestiona seriamente la efectividad de esas medidas de sanción a través de recompensas económicas que, al descontarse, se convierten en simples instrumentos de castigo. Estar presente para trabajar es una cuerda muy diferente a trabajar; es un sonido distinto, aunque audible en términos de productividad.
Hace pocos días, el ahora ex secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, atribuyó la magnitud de la masacre del tren en Once a la concentración de mayor cantidad de pasajeros en los dos primeros vagones, como producto de una cultura argentina. Es por la intención de bajar del subterráneo más rápido, llegar antes, en suma, perder el menor tiempo posible. Entre estas mujeres y hombres apurados debió haber muchos que, acosados por las deficiencias del transporte urbano y el inexorable presentismo, respondieron a esa cultura. Pero además agregó, con irritante naturalidad, que si el hecho hubiera ocurrido el día anterior -una jornada no laborable-, el número de víctimas no hubiera sido tan elevado. El presentismo también aporta daños colaterales.
sábado, 10 de marzo de 2012
Si es en equipo, mejor - misterios y secretos de la inteligencia colectiva
misterios y secretos de la inteligencia colectiva
Si es en equipo, mejor
Por Facundo Manes | Para LA NACION
Muchas veces se generan discusiones alrededor del interrogante de si la suma de grandes inteligencias individuales lleva necesariamente a un resultado colectivo satisfactorio. En esferas tan distantes como la práctica deportiva, la labor artística o el desarrollo comercial, surge la reiterada pregunta: ¿cómo puede ser que este equipo de estrellas no haya rendido tan bien como se esperaba? ¿Y cómo éste, más austero, logró, por el contrario, maravillar con su rendimiento?
Aunque desde siempre se ha intentado medir la inteligencia humana, pocas áreas de la ciencia han sido más controversiales. Las definiciones de inteligencia propuestas son diversas y van desde la flexibilidad conductual o cognitiva para generar situaciones novedosas y la capacidad de resolver problemas hasta la de una eficaz adaptación con el medio. Algunos investigadores enfatizan la capacidad para el pensamiento abstracto; otros, la habilidad para adquirir vocabulario nuevo o conocimientos originales; otros, la capacidad de adaptarse a situaciones inesperadas. De todas maneras, el coeficiente intelectual podría considerarse una medida arbitraria de inteligencia, con un set de pruebas predeterminadas.
Las pruebas -o tests- que se han propuesto a lo largo de la historia para medir el constructo llamado "inteligencia" son imperfectas. La mayoría de ellas han hecho énfasis en las destrezas de razonamiento lógico y abstracto dejando afuera factores fundamentales como el bagaje cultural, las habilidades sociales y la experiencia adquirida. Con el argumento de que estos tests predicen el éxito en diversos contextos (especialmente en culturas occidentales), los resultados se usaron y usan para admisiones a centros de estudio o a empresas. Por lo tanto no es sorprendente que estos tests hayan sido cuestionados y se hayan convertido en foco de un fuerte debate con implicaciones políticas y sociales. Aunque una prueba evalúe la capacidad de resolver un problema matemático o la comprensión de una lectura, no podemos considerarlos tests que abarquen "toda" la inteligencia.
A lo largo de la historia se postularon varias teorías y definiciones sobre inteligencia. Entre ellas, en 1904, el psicólogo inglés Charles Spearman propuso la existencia del factor G o inteligencia general. Sostenía que esa condición permite tener éxito en un amplio rango de tareas cognitivas. Pero, en 1916, su colega Godfrey Thomson propuso que lo que parecía ser una aptitud única era, en realidad, una colección de múltiples y diversas habilidades necesarias para completar la mayoría de las tareas intelectuales.
El psicólogo estadounidense Howard Gardner (1983) denominó a todos los talentos de una persona como "inteligencias". Actualmente se entiende a la inteligencia en relación con otras habilidades dentro de una esfera emocional, motivacional e interpersonal; también se cree que la cooperación entre estos aspectos permiten un mayor desarrollo del potencial intelectual.
La gente varía en cosas como inteligencia emocional, habilidades particulares, experiencia, que son diferentes de la "inteligencia general", pero también importantes. Además, el humor, la sensibilidad, la ironía y la creatividad son rasgos de inteligencia que quedan fuera tanto de los tests clásicos como de ciertos patrones que ostentan instituciones demasiado rígidas. Por eso, las definiciones -y las pruebas- sobre la inteligencia siempre quedan "chicas" a la hora de relacionarlas con las acciones y decisiones de la vida real. Si entendemos la inteligencia como el conjunto de recursos con los que cuenta un individuo para adaptarse al medio, una persona puede ser tremendamente inteligente sin la necesidad de contar con un bagaje demasiado grande de conocimientos adquiridos a través de la educación formal o el entrenamiento. Esta última afirmación se relaciona particularmente con el término de "inteligencia fluida", que se define como la capacidad de resolver problemas nuevos descubriendo las relaciones que existen entre las cosas e independientemente del conocimiento adquirido a lo largo de la vida.
Cuando se trata de inteligencia, la totalidad puede ser mayor que la suma de sus partes. Un estudio del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) exploró la existencia de una inteligencia colectiva entre grupos de personas que colaboran bien entre sí, demostrando que la inteligencia del conjunto se extiende más allá que la lograda a través de la suma de las capacidades cognitivas de los miembros de los grupos de forma individual. Estos investigadores mostraron que hay una eficacia general que predice el rendimiento de un grupo en muchas situaciones diferentes. Grupos con un excelente rendimiento en una tarea presentaban también un excelente rendimiento en tareas diferentes. En otras palabras, grupos que fueron exitosos en un desafío serán exitosos en resolver otros desafíos distintos.
A la hora de dar un ejemplo interesante para dar cuenta de la labor colectiva en un ámbito específico, se pueden citar varios estudios que exploraron un aparente cambio en la ciencia desde un modelo de base individual hasta un modelo de trabajo en equipo. Uno de ellos, publicado en la revista Science , al relevar casi 20 millones de artículos científicos y 2,1 millones de patentes en las últimas cinco décadas, demostró que los equipos predominan sobre autores solitarios en la producción de conocimiento con alto impacto (una tendencia igualmente fuerte en las ciencias sociales, ciencias naturales e ingeniería: creció de un 17,5%, en 1955, a un 51,5% en 2000). Estas estadísticas manifiestan una transformación sustancial que liga la tarea de investigación (una labor donde se destaca eminentemente cierto tipo de inteligencia) a la labor colectiva.
Claro que la inteligencia colectiva como idea y como práctica ha existido desde siempre. Familias, tribus, ejércitos y empresas se conformaron para actuar colectivamente de manera inteligente (lo cierto es que no siempre fue logrado). También, la propia escritura y su institucionalización en universidades y bibliotecas (desde la famosa de Alejandría hasta las populares de la actualidad) tuvieron la intención de fijar y hacer circular el conocimiento que la sociedad había producido previamente para el aprovechamiento colectivo.
Pero en la última década una nueva dinámica de ejercicio de inteligencia colectiva se ha consolidado: millones de personas conectadas por Internet desarrollan e intercambian información a través de una red multidireccional, interactiva y universal. Las muestras más notables están dadas por los motores de búsqueda como Google, que organizan y ponen a disposición creaciones de las formas y los orígenes más disímiles para el uso general.
Otra manera de ilustrar este proceso que conforma la inteligencia colectiva está en la evolución de la idea de enciclopedia, desde la monumental obra llevada adelante por Diderot y otros escritores en plena ilustración del siglo XVIII hasta la contemporánea Wikipedia, donde miles de personas en todo el mundo contribuyen a la elaboración de ese complejo sistema de referencia.
Todo lo aquí expuesto no resulta azaroso: estudios del laboratorio del médico norteamericano John Cacioppo, uno de los líderes y pioneros del campo de las neurociencias sociales, han demostrado que el aislamiento social produce efectos negativos no sólo para nuestro ánimo y nuestra conducta, sino también para nuestra salud cognitiva y física en general. Las interacciones sociales que devienen de los procesos que contribuyen a la inteligencia colectiva de un grupo albergan un efecto positivo sobre nuestro bienestar, en múltiples ángulos.
Pero sin dudas una de las mayores representaciones de las construcciones colectivas modernas son los Estados nacionales y sus correspondientes alianzas regionales. Las sociedades organizadas que buscan satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos y desarrollarse a partir de la historia heredada y, sobre todo, de lo que forjan desde su presente constituyen el rasgo más cabal de inteligencia colectiva que pueden mostrar los seres humanos como especie.
Se trata de que cada uno -el afinador, el intérprete, el compositor, el asistente y el director- ponga lo mejor de sí para hacer sonar cada vez mejor la orquesta.
© LA NACION.
domingo, 8 de enero de 2012
sábado, 24 de diciembre de 2011
Hacia una empresa sin gerentes
Gary Hamel, gurú del management, dice que la línea de mandos tiene un alto costo
Por Jorge Mosqueira | LA NACION
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Gary Hamel es un gurú del management que encabeza el ranking de los personajes más influyentes, según The Wall Street Journal. Definida la figura, demos lugar al título de un artículo de su autoría, publicado en el último número del Harvard Business Review, una de las publicaciones más prestigiosas en el mundo de los negocios: "En primer lugar, despidamos a todos los gerentes".
Pueden encontrarse en este trabajo varios fundamentos para la acción recomendada, con palabras y datos muy duros. Considera que la línea jerárquica gerencial es un pesado impuesto a la que ven sometidas las empresas, porque las decisiones se distorsionan por la miopía, arrogancia y la ingenuidad de los que intervienen en el proceso, convirtiéndose en una especie de monarcas absolutos.
En una cuenta simple, demuestra el peso relativo de la línea gerencial. Si en una pyme se necesita un supervisor para controlar a 10 empleados, una empresa de 100.000 habrá de contar con 11.000, por la necesidad de tener gerentes que controlen a los gerentes. Deben agregarse cientos de miembros del staff interno en las áreas de finanzas, recursos humanos o planeamiento. Según las palabras de Hamel, las funciones principales de estos gerentes "evitar que la organización colapse bajo el enorme peso de su propia complejidad". Añade que si las remuneraciones de los gerentes son, en promedio, un 33% más altas que las de los empleados de menor nivel, este porcentaje impacta directamente sobre el total de la nómina.
Hamel trae un ejemplo. Se trata de Morning Star, la empresa procesadora de tomates más grande a nivel mundial, con sede en Woodland, California, y tres plantas en ese estado norteamericano. Fundada en 1970, desde hace veinte años prescinde de mandos medios, apostando por la autonomía en las decisiones de los empleados. Cada uno, por ejemplo, tiene la posibilidad de realizar adquisiciones de elementos para su trabajo sin límites. De hecho, no existe un departamento de compras. El presidente y fundador de la compañía, Chris Rufer, dice que la base del éxito de su gestión es la libertad de sus empleados.
"Si la gente es libre hará lo que quiere en vez de hacer lo que le dicen que debe hacer. Entonces se sentirán mejor y harán las cosas con mayor entusiasmo", comenta. Y un operario de la empresa remata la idea: "Cuando te dicen lo que hay que hacer, te convertís en una máquina". Esta es la idea general sobre el estilo de gestión implementado por Morning Star que tiene, naturalmente, sus pros y contras, detallados en el artículo de Hamel. Pero no les va mal. Superó los 700 millones de dólares en 2010 de facturación.
Otra perspectiva la recibimos de Zygmunt Bauman en 44 Cartas desde el mundo líquido, serie publicada en una revista italiana. Allí expone las razones del cambio. El modelo fordista de producción masiva precisaba una continua vigilancia con mayor cantidad de supervisores para evitar los desvíos a la norma. "Ahora, la receta del éxito consiste en ser uno mismo, no ser como todos los demás. Es la diferencia, no la uniformidad, lo que más vende -dice-. Depende de los subordinados comportarse de una manera que probablemente cuente con el beneplácito de los jefes y les induzca a comprar sus servicios y productos".
jorgemosqueira@gmail.com .
Entrevista a Rafael Echeverria
"No se nos ha enseñado la ventaja que tiene escuchar"
El coach ontológico dice que el éxito o fracaso de una empresa se juega en la comunicación
Por Francisco Jueguen | LA NACION
El lenguaje crea mundos. En ese camino, una empresa es una gran red de conversaciones entre jefes y empleados, y por eso gran parte de los éxitos y fracasos de una organización se juega en la comunicación.
Así define Rafael Echeverría, destacado divulgador, compilador y teórico del coaching ontológico a nivel mundial, a las posibilidades que abre, las relaciones que funda y las realidades que habilita esta disciplina a nivel empresarial.
"No se nos ha enseñado el impacto que tiene la escucha -afirma el sociólogo chileno en una entrevista exclusiva con La Nacion en su paso por Buenos Aires-. A veces nos sorprendemos porque en las empresas aparecen gerentes que no tenían en su CV más experiencia que otros, que en la Universidad no sacaron las mejores calificaciones, y que no habían leído todos los libros, pero que son los mejores", describe.
Para el ex marxista y militante estudiantil durante la dictadura trasandina esos son los que escuchan de forma adecuada a los empleados, clientes, proveedores, la comunidad, la competencia y al mercado. "Es lo que nosotros enseñamos", agrega el director de Newfield Consulting.
-¿Qué es el coaching ontológico?, ¿para qué sirve?
-Es una disciplina que se compromete con el potencial transformador de los seres humanos y que se utiliza para destrabar a personas que aspiran llegar a un cierto lugar y sienten que no saben cómo hacerlo. El ser (ontos) no es inmutable, sino algo en cambio permanente, que puede transformarse. El coaching procura participar en esa transformación al servicio de la persona que la pide.
-¿No trabaja la psicología algo similar? ¿Qué opina de los prejuicios que existen desde esa ciencia hacia el coaching ontológico?
-El coaching es muchas veces un refuerzo de la propia actividad psicológica. Pero hay una diferencia muy importante, nosotros no trabajamos patologías. Las derivamos. Nosotros trabajamos procesos de aprendizaje profundos. Trabajamos con un ser humano que encuentra que para alcanzar ciertas aspiraciones tiene el camino bloqueado. Intentamos desbloquear ese problema. Esto no implica que no sea terapéutico. Tenemos mucha afinidad con la psicología e incluso, una influencia muy grande de varias corrientes. Me sorprende que a veces piensen que somos más superficiales cuando en realidad somos mucho más profundos, porque contemplamos raíces filosóficas además de las psicológicas, y a eso le sumamos algo de la biología.
-¿Qué beneficios puede obtener una empresa y sus empleados al contar con un coach ontológico puertas adentro?
-El coaching ontológico se sustenta en la ontología del lenguaje. Esta entiende que los seres humanos somos seres conversacionales y una organización es un sistema conversacional. Gran parte de las limitaciones, los problemas, éxitos y aciertos en las empresas remiten a aspectos de esa red dinámica de conversaciones. Cuando llegamos a una firma, lo primero que nos preguntamos es ¿cómo se conversa?, ¿qué conversaciones tienen?, ¿cuáles faltan?, ¿cuán efectivas son?, ¿qué competencias conversacionales tienen sus miembros? Tocando esa red logramos desplazamientos en los desempeños que son sorprendentes.
-¿Cómo lo logran?
-Lo que hacemos descansa en un concepto fundamental: el de competencias conversacionales genéricas. Estamos acostumbrados a reconocer competencias funcionales y técnicas. Pero no se nos enseña el impacto que en nuestra vida y desempeño tienen competencias de otro tipo, como la escucha, la capacidad de fundar juicio, de hacer ciertas declaraciones básicas, de saber pedir o de cumplir los compromisos. O de no callar ciertas cosas y saber plantearlas, de retroalimentarlas con juicios críticos o de crear espacios emocionales expansivos con nuestra conversaciones que motiven a la gente y afecten el desempeño.
Esas competencias no se enseñan, no se diagnostican y juegan un rol fundamental, porque en la medida en que haya seres humanos van a existir. Intentamos darle a gerentes y empleados una reserva de estas competencias, que son las que no se gastan con el tiempo. A las otras te las regalo; se enseñan en cualquier parte. Pero, ¿quién te enseña a escuchar adecuadamente a tus empleados, clientes, proveedores, a tu comunidad, la competencia o al mercado?
-¿Qué es, para usted, saber escuchar?
-Primero hay que poder aceptar y comprender al otro cuando es muy diferente, darle legitimidad y saber que va a querer actuar con autonomía. La segunda apertura tiene que ver con que el lenguaje es acción y por ser acción tiene un poder transformador. Por decir ciertas cosas hago que algo pase o lo impido, creo mundos, posibilidades, futuros, relaciones. Escuchar no sólo implica abrirme legitimando al otro en su diferencia, sino que es también permitir que su palabra me transforme, me haga ver lo que no veía o hacer lo que no podía. Eso es escuchar.
-¿Y cómo se trabaja eso en las relaciones jerárquicas, por ejemplo, entre un jefe y su empleado?
-Es fundamental. El problema más importante en el mundo es que estamos en un modelo de gestión obsoleto. Seguimos aplicando un modelo que se construyó a partir de Frederick Taylor y que es el de gerente-capataz. Este implica que el que trabaja hace lo que el jefe le indica y, en lo posible, no dice nada, simplemente ejecuta. Desde los años 70, el mundo cambió. El trabajador manual, que era preponderante, dejó de serlo y emergió el trabajador del conocimiento, que sabe mucho más de su jefe. Se requiere un tipo de relación de autoridad completamente distinta, porque la anterior compromete el desempeño de las empresas. Muchos empleados sienten que sus jefes los coartan. Es central avanzar hacia un modelo de gestión alternativo, el que ya llaman de gerente-coach. Y allí, el tipo de competencias que se requieren son las que tiene un coach, las de escucha. La pregunta es, ¿cómo sirvo a mi gente para que ellos puedan dar todo lo que saben y rindan al máximo? Parte de lo que hacemos nosotros es intentar que los jefes logren esa transformación. Eso no se puede hacer por imposición. Hay que mostrarles lo que pueden ganar y generar un contexto para que ese cambio sea posible descansando en la positividad.
Rafael Echeverria
Profesión : especialista en coaching ontológico
Origen : chileno
Estudió Sociología en Chile. Se exilió en Londres en la dictadura de Pinochet y allí se doctoró en marxismo. Se reorientó a la filosofía, para luego trabajar en California con Fernando Flores. Más tarde se instaló en Florida.